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Comunicados de Prensa 

Descubren Rol Fundamental del Oído En Aprendizaje de Idiomas

 

  •  Cada lengua tiene una sonoridad particular que condiciona el funcionamiento del oído. En algunas personas, éste se rigidiza imposibilitando escuchar correctamente un idioma diferente lo que lleva al fracaso en el aprendizaje de otro idioma sin importar las clases y esfuerzos que se haga. Es lo que comúnmente se conoce como “tener mal oído”.

  •  El médico otorrinolaringólogo francés Alfred Tomatis descubrió las diferencias de las bandas sonoras preferenciales de cada lengua -que en Español e Inglés casi no tienen puntos en común-. Comprobó que las personas no pueden reproducir lo que no oyen adecuadamente y diseñó un sistema de readecuación de la escucha que logra excelentes resultados en adultos y niños con lo que comúnmente se llama “mal oído”.

 

Cada idioma tiene una frecuencia o sonoridad propia, una “música” que le es característica, como bien saben los imitadores que pueden “hablar” docenas de lenguas sin realmente conocer ninguna. En Chile, los Jaujarana son un excelente ejemplo con sus caracterizaciones de rusos, japoneses, norteamericanos y franceses en un mismo show. Aunque no decían más que unas pocas palabras en cada idioma (okey, yes, niet, oui, etc.), era muy fácil identificar de cuál se trataba y sólo al prestar atención el conocedor se daba cuenta de que en realidad no estaban hablando ninguno.

 

Esto ocurre en todos los ámbitos, también en la onomatopeya, en castellano los perros dicen Guau, y en inglés Arf y Ruf. Los gallos, en cambio, dicen Kiki-rikii en castellano, Coco ricó en francés, Cok-a-doodle-doo en inglés, Kike riki en alemán, Coke coco en japonés, y Kucu ricu en israelí. No se trata de algo al azar. Como descubrió el Dr. Alfred Tomatis: “cada persona percibe los sonidos a su manera, se trate del canto de un gallo, el ruido de una moneda que cae o el sonido de una voz”.

 

Este prestigioso otorrinolaringólogo francés descubrió cómo funciona el oído y cómo éste va adaptándose a las particularidades del idioma en el cuál se desarrolla, disminuyendo en algunos casos la sensibilidad a las frecuencias que no utiliza. Estas personas, las más adaptadas en rigor, son las que tienen mayor dificultad para aprender otros idiomas, los mismos que la sabiduría popular identifica como de “mal oído”.

 

Según sus estudios, todos nacimos para ser políglotas y es entre los tres y cinco años cuando mayores posibilidades hay de adoptar otras lenguas. Los niños pequeños pueden pasar de un idioma a otro con facilidad sin confundirse, siempre y cuando sea hablado por un nativo del idioma ya que así las diferencias de sonoridad de las que hablábamos antes se mantienen claras. Más tarde, sin embargo también es posible dominar múltiples lenguas si se ejercita el oído del modo adecuado.

 

Está comprobado que es imposible reproducir bien aquello que no se oye bien. Y esto vale para una lengua extranjera o al cantar para reproducir algunas tonalidades específicas. Al disminuir las dificultades auditivas mejora de manera espontánea la pronunciación y la comprensión general del nuevo idioma ya que el cerebro puede distinguir nítidamente los sonidos y así aprenderlos, clasificarlos, diferenciarlos de palabras parecidas, etc.

 

Los idiomas tienen un espectro propio. El oído del francés tiene dos cimas: una a 250 hertz en los graves y otra entre los 1000 y 2000 hertz. La diferencia de intensidad sonora entre estas dos cimas es de 20 decibeles.  El inglés tiene una gran sensibilidad a los agudos. A partir de 2000 hertz presenta una progresión de 6 decibeles por octava hasta llegar a los 10000 hertz, lo cual explica la riqueza de sonidos siflantes. Esta atracción por los agudos explica también la diptongación sistemática de sus vocales, y la diferencia que hay entre la reproducción escrita y su pronunciación.  El español, por el contrario, es muy sensible a los graves constituyendo un primer tramo de los 100 a los 500 hertz y luego a nivel de menor intensidad un segundo tramo de 1500 a 2500 hertz con una cima alrededor de los 1800 hertz. La sensibilidad del español es muy reducida en los agudos, lo que explica la dificultad de los hispano fones para integrar lenguas extranjeras. El oído alemán también tiene una afinidad con los graves pero su curva de respuestas se extiende hasta lo 3000 hertz, dejando una amplia “banda pasante” que permite a este grupo étnico integrar con facilidad los fonemas de otras lenguas, a condición que estos se encuentren dentro de su territorio frecuencial.

 

El tener sensibilizado el campo de audición a las frecuencias de una lengua, y en particular del español, constituye una dificultad  para aprender otros idiomas: simplemente porque no los escuchamos bien. Los nativos de Rusia y de los países nórdicos, en el otro extremo,  tienen gran facilidad para aprender idiomas pues sus lenguas nativas un amplio espectro de frecuencias y por eso no es raro encontrar personas que hablan fácilmente 5 u 8 idiomas.

 

En todo el mundo los Centros Tomatis se especializan en realizar sensibilizaciones a los idiomas, usando música de Mozart filtrada a través de un equipo especial llamado oído electrónico. Este método permite recuperar la flexibilidad auditiva en pocos meses de una manera sencilla y agradable.

 

La sensibilización permite aprender de manera fácil y rápida inglés o cualquier idioma que se desee, dirigiéndola de manera específica hacia las necesidades de cada lengua. En tres meses los resultados son notorios: mejora la escucha del idioma, mejora la discriminación de los fonemas, aumenta el proceso de memorización de la nueva forma de escuchar y la persona tiene menos bloqueos para expresarse. Además de lograr una mejor entonación, timbre y uso de la semántica.

 

 

Paulina Marfull

Periodista

Octubre 2003

RRPP Centro Tomatis Chile

 

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