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Según Tomatis, hay varias maneras de probar las cualidades
terapéuticas excepcionales de la música de Mozart. Las mas evidentes son : el
análisis estético y psicológico de sus composiciones; los efectos neurofisiológicos
en el cuerpo humano y por ultimo ; el análisis en laboratorio
del espectro sonoro de su música.
Desde el punto de vista estético o psicológico Tomatis
distingue una serie de cualidades que están presentes simultanea y
permanentemente en todas las composiciones de Mozart.
Que tiene de especial entonces esta
música ?
Hay en
todas sus frases, escribe Tomatis, en sus ritmos y en sus secuencias una
sensación de libertad y rectitud que nos permite respirar y pensar con
facilidad. Nos transmite algo especial que pone en evidencia nuestro potencial
creativo y nos hace sentir como si fuéramos los propios autores de lo que
escuchamos. Nos hace creer que la frase musical se desarrolla de la única
manera como podría desarrollarse.
En sus obras reina un sentimiento de seguridad permanente. No
hay momentos insólitos. Todo esta perfectamente ligado. El pensamiento se
desarrolla sin choques ni sorpresas. Mozart se vuelve así accesible a todos y jamás
nos cansamos de escucharlo.
Sentimos constantemente una felicidad y un sentimiento de
perfección que no se encuentra en ningún otro compositor, por mas alegre que
este sea. Mozart nos lleva a otro universo, nos hace resonar a través de
nuestras fibras mas sensibles. Gracias a su música podemos vibrar con nosotros
mismos, tomar conciencia de nuestro ser. A Mozart no le interesa en absoluto
revelarse en nosotros, sorprendernos, dejarnos atónitos. Al contrario, con su
música nos conduce a un lugar donde comenzamos a ser nosotros mismos.
Su ritmo es el del universo; su virtuosismo instrumental : el cuerpo humano
Mozart tradujo los ritmos eternos a su manera y a la nuestra.
Supo adaptarlos a nuestras propias neuronas. Su instrumento no fue ni el piano
ni el violín sino el hombre mismo. Supo ponerlo en resonancia musical con el
universo. Y este es el milagro de Mozart : colocar al ser humano al unísono con
la armonía universal.... ..
El universo esta lleno de ritmos. Todo tiene su ciclo, todo
es periódico: los años, las estaciones fluviales, el día y la noche, las
distancias interplanetarias, los ciclos de vida, el pulso cardiaco, la
respiración, el movimiento infinitesimal de la materia, en fin...
Todo es música para quien sabe percibir las cadencias y
discernir las combinaciones, para quien sabe descubrir los ritmos vitales en su
multiplicidad y transcribirlos de manera que sean accesibles. Mozart logra
despertar todos los ritmos fundamentales inherentes a cada uno. De esta manera
no hay ninguna restricción, ninguna obligación, ninguna imposición. El ritmo
llega a ser la medida del pasaje del tiempo de cada uno y de cada cosa. En estas
condiciones los ritmos respiratorios y cardiacos se instalan con toda libertad.
De la misma manera se armonizan todos los movimientos propios de la
gesticulación, bajo la influencia del conjunto de esos ritmos de fondo. Esta
libre adhesión, este consentimiento espontáneo no puede ser inducido mas que
por una música libre, desprovista de medidas rígidas que en beneficio de un
ritmo impuesto, hagan perder, olvidar u omitir la presencia de los movimientos
vitales. La música de Mozart deja emerger en cada uno de nosotros el ritmo
resultante de nuestras propias vibraciones de base.
"Yo no conozco otro más que Mozart para alcanzar este
nivel", dice Alfred Tomatis. Y lo comprobó clínica y estadísticamente,
sanando a mas de 100.000 pacientes con la música de este compositor. Además
realizó experiencias sorprendentes en un monasterio en Bretania con vacas que
escuchando sinfonías de Mozart aumentaron notablemente su producción de leche.
En Munich realizó experimentos con niños desahuciados llegando a normalizar
signos vitales con música de Mozart, sonidos fetales y la voz materna.
Otras experiencias similares se hicieron con vegetales, en
Canadá, donde constataron mejoras en el crecimiento y en la
"tonicidad" de las plantas.
Pero mas allá de todo, Mozart tocó el cuerpo humano como
nadie jamas lo ha hecho. Su música hace vibrar y fluir el propio canto de cada
ser humano. Pone en resonancia el potencial de quien lo escucha. En Mozart nos
reencontramos todos.
Son esos ritmos fundamentales que Mozart ha sabido explotar y
de los cuales no se separara jamas, bajo ningún pretexto de innovación. Su
composición será siempre de alto nivel, aparentemente fácil incluso en la
complejidad.
Su música es siempre joven, sin angustia, ni contaminación
Toda su producción es fresca y serena, escribe el doctor
Tomatis. Mozart es el más joven de los compositores y esta característica de
juventud le da una calidad especifica a su expresión musical.
La música de Mozart es de todos los tiempos, de todos los
momentos, y a pesar de estar marcada por la época es joven ante todo. Tiene el
ritmo de un corazón que late como el de un niño, aun cuando Mozart se
encuentre extenuado, al borde del aniquilamiento.
La producción de Mozart no es una invención en el sentido
clásico del termino. Es la expresión de lo que es, de lo que él ha percibido
y que nos transmite irresistiblemente. Su creación no está contaminada; es
pura, sin alteraciones, sin búsqueda estética. En la última carta a su padre
le escribe " ..todo esta compuesto, solo falta escribirlo".
Su percepción del mundo fue cadenciada al ritmo de su
metrónomo cardiaco. Su corazón de niño marca las modulaciones de la
expresión de su alma directa y simpáticamente conectada al logos musical.
En Mozart todas sus obras musicales están libres de tragedia
y drama. Nos puede hacer vivir o sentir los sentimientos de dolor mas lacerante
pero en todo momento lo trágico esta transformado, trascendido.
Pero, por qué Mozart ?
Porque Mozart tuvo una vida prenatal excepcional. Su madre,
que vivió un embarazo feliz, impregnado de música y del amor de su marido -
talentoso compositor -, le pudo transmitir al feto el deseo de nacer, de vivir y
de comunicar con la misma fuerza que lo deseaba. Wolfang gozó de un entorno
familiar y musical formidable, que le permitió codificar su sistema nervioso
sobre ritmos fisiológicos verdaderos, universales, cósmicos, dice Tomatis.
Esto le permitió ajustar su instrumento corporal a las modulaciones sentidas
durante este periodo y su ritmo seguirá siendo el mismo aun cuando comience a
hablar, a crear, a componer desde los cinco años hasta su muerte.
Mozart es una manifestación encarnada de la música, la
trasciende. Tiene momentos de éxtasis - explica Tomatis - donde se lo ve en
verdaderos estados de secreción, transpirando música, bajo la influencia de
una especie de escritura espontánea que lo impulsa a proyectar todo lo que le
invade. Aparece entonces como en un estado iniciatico que no puede rechazar por
cuanto es una situación vital para él. Mozart canta con su ser - agrega
Tomatis - . vive con él, se encuentra a su propia disposición a pesar de él
mismo.
EFECTOS NEUROFISIOLÓGICOS DE LA MÚSICA DE MOZART
La música, una necesidad del sistema nervioso
La música es una necesidad, dice Tomatis. Favorece la
cristalización de diferentes estructuras funcionales del sistema nervioso.
Facilita la producción de energía ligada al estimulo del cerebro,
indispensable para pensar. Ella abre el camino a la voz cantada y a la
expresión corporal. "La música preexiste al lenguaje, por lo menos es mi
convicción", continua. Ella toma a cargo el cuerpo en su totalidad afín
de modelarlo en una arquitectura verbalizante. De la música nacen los ritmos y
las entonaciones inherentes a los procesos lingüísticos.
Toda producción musical cualquiera sea el instrumento
utilizado, cualquiera sea el modo de ejecución desemboca en el único
instrumento receptor-productor que es el cuerpo humano. En el se inscriben las
leyes armónicas. Y la música no puede ser escuchada si no esta en
correspondencia con las posibilidades de integración del aparato corporal. Se
requiere una puesta en correspondencia del instrumento cuerpo. Todas las
potencialidades son inscritas en el aparato corporal, como lo son aquellas que
se refieren a los lenguajes, de los cuales los diferentes parámetros dependen
únicamente del uso que sepamos hacer de este.
Porque nos gusta o nos desagrada una determinada música ?
Explica Tomatis: cuando una persona se encuentra sumergida en
la música puede acusar dos comportamientos: o bien se entrega sin resistencia y
su adhesión es total, es decir, está en concordancia, vibra con esa música; o
bien manifiesta un rechazo vivido como un desinterés por falta de concordancia
neurofisiológica, por falta de simpatía con la expresión del compositor.
Apreciar una obra musical es, en realidad, poder entrar en
plena armonía con ella. Significa que nuestro cuerpo-instrumento está
modelado, preparado fisiológica y culturalmente para integrar ese tipo música,
para ejecutarla en sí mismo.
Apreciar a Chopin, por ejemplo, es vibrar con su expresión
musical, como lo hace un instrumento afinado a las mismas resonancias; un laud
por ejemplo. Las cuerdas se colocan en vibración reproduciendo a su turno un
canto musical idéntico. Existirían también momentos donde la misma música no
produciría ninguna vibración en nosotros, lo cual denotaría que a veces no
estamos disponibles. En uno u otro caso se deduce también que somos o no
receptivos en función de nuestro humor, porque la naturaleza humana es
cambiante en ese dominio. Ciertos temperamentos serán -por afinidad electiva-
siempre próximos del romanticismo de Chopin, así como su constitución de base
será del mismo tipo, es decir, melancólica.
Toda expresión sonora que llega a ser musical marca un
desarrollo en el tiempo. La música nos lleva a adoptar los movimientos que
envuelven al músico durante su inspiración. Ella nos invita a usar las mismas
cadencias que lo animaron durante su improvisación, a condición por supuesto
que estas sean realizables rítmica y gestualmente por el auditor.
La música debe ser estudiada en relación directa con el
sistema nervioso, porque indiscutiblemente sale de un sistema nervioso hacia
otro sistema nervioso, donde el primero actúa como emisor y el segundo se
comporta con un receptor. En este sentido el instrumento que mejor dominó
Mozart, como ningún otro compositor, fue el cuerpo humano.
El sistema nervioso recibe el mensaje musical y se encarga de
distribuirlo más o menos armoniosamente en el conjunto del cuerpo. El oído es
el medio mas natural para efectuar estas operaciones.
La música, desde el punto de vista de su naturaleza, actúa
por efectos de armonización interior, es decir, por explotación de los modos
primitivos. La música suscita y estimula las modulaciones del sistema
simpático hasta volverlos tangibles.
Las obras musicales por su parte, agregan a los modos de base
del sistema simpático los ritmos de la vida exterior. Ritmos que son
introducidos por la sociedad y la cultura, que van desde el gesto hasta el
lenguaje y que tienen relación con toda la gestualidad. Los elementos
folclóricos son reconocidos como los primeros generadores de este tipo de
músicas.
Por ultimo, los lenguajes sonoros nos hacen revivir los
estados emocionales, imbricando simultáneamente de una parte, los recuerdos
sonoros percibidos y memorizados en los núcleos afectivos centro encefálicos
que presiden la vida neurovegetativa y, de otra parte, los ritmos que llevan al
cuerpo fuera de los códigos normalizados anteriormente.
De todo esto surge una estructura narrativa, una semiología
sonora que se expresa en el cuerpo, con toda su dinámica externa e interna.
El oído, un dínamo del cerebro
Recordemos que el oído interno contiene en su vesícula
laberíntica dos conjuntos de actividades aparentemente diferentes: el
vestíbulo y la cóclea; pero que constituyen uno solo y un mismo órgano, que
en el curso del tiempo se ha perfeccionado para responder a las nuevas
actividades que ha debido asumir.
El vestíbulo - el mas arcaico de estos elementos - asegura
la estática y la dinámica así como los movimientos de las diferentes partes
del cuerpo. Todos los músculos sin excepción dependen de su actividad
reguladora, incluso los músculos motores del ojo. Además, debido a los
controles motores que debe realizar para mantener las posturas y la
verticalidad, contrarrestando los efectos de gravedad, el vestíbulo aporta la
mayor parte de las estimulaciones dirigidas al sistema nervioso.
En efecto, la fuerza de gravedad obliga permanentemente al
cuerpo a mantener un verdadero dialogo con el medio ambiente. En consecuencia,
mientras mejor es la verticalidad mayor es la estimulación nerviosa, mayor es
la dinamización. El movimiento, la verticalidad y la carga cortical están así
íntimamente ligadas.
Los sonidos recepcionados por los elementos del vestíbulo
determinan las pulsaciones sincrónicas de los ritmos impuestos por la frase
musical y producen la movilización de los líquidos en función de la
importancia de esas pulsaciones. Mientras más se muevan mayores serán las
contrareacciones musculares que se encuentran activadas, determinando así el
movimiento, la marcha o la danza.
La función mas conocida de la cóclea es la de escuchar, es
decir, recibir los sonidos, analizarlos y distribuirlos con el fin de
integrarlos, memorizarlos y eventualmente restituirlos. Pero para que este
aparato funcione óptimamente debe estar bien situado en el espacio. Para ello
necesita actuar en perfecta coordinación con el integrador vestibular, que le
asegure una postura vertical Toda esta regulación es posible gracias a los
lazos neurológicos que existen entre la cóclea y el vestíbulo y los órganos
sensorio-motores que regulan la posición del laberinto, es decir la cabeza, el
cuello y además el instrumento corporal que se maneja de acuerdo a las
respuesta vestibulares, previamente analizadas en el cerebelo.
Desde el punto de vista musical la cóclea permite el
análisis de los sonidos y la integración de la música más allá del ritmo
determinado por el vestíbulo. De esta manera el control del cuerpo se refuerza
para que la organización coclear aumente sus potencialidades de análisis y de
carga cortical. Y este es un punto muy importante para comprender la acción de
los sonidos sobre la dinamización corporal.
Pero hay otra función que se ha descubierto del oído y que
tiene relación con la generación de energía nerviosa. El oído se comporta
como un dínamo y la mayor parte de la energía que necesita el cerebro proviene
de la acción dinamogénica del aparato auditivo.
Un estudio realizado por científicos norteamericanos concluyó que el
sistema nervioso humano necesita para alcanzar el nivel de vigilia (de
conciencia) colectar 3 billones de estímulos por segundo por los menos cuatro
horas y media por día. Mas del 90 % de esta carga de influjo nervioso la
entrega el oído.
El integrador coclear tiene un campo de acción diferente al
integrador vestibular porque se sirve esencialmente de los circuitos corticales,
es decir, de una red concernida únicamente por el cerebro. No obstante hay que
decir que una de las redes nerviosas que llega al cortex, específicamente a la
zona de la memoria y del reconocimiento de la música, está ligada a otras
redes nerviosas que reparten en dirección del cuerpo. Por esta razón, enfatiza
Tomatis, podemos decir que la memoria no esta solamente en el cerebro, sino
también corporizada, encarnada. El cuerpo recuerda los eventos vividos por la
persona y particular aquellos inherentes a la música.
Toda esta actividad vestibulo-coclear, bien conocida por los
zoologistas, permite vislumbrar ya los efectos del sonido en el conjunto del
cuerpo humano.
Sonidos agudos de carga, sonidos graves de descarga
Entre los efectos relativos a la energetización del cerebro
o del sistema nervioso, podemos distinguir sonidos de carga y sonidos de
descarga.
Recordemos que en el aparato de Corti contenido en el oído
interno, las células sensoriales no se distribuyen de la misma manera. La
cantidad dependerá si la zona esta reservada a los sonidos graves, médium o a
los sonidos agudos.
En la zona de los graves estas células son escasas (100).
Son un poco más numerosas en la zona de los medios (500) y son muy numerosas en
la zona de los agudos (24.000)
Los sonidos graves son fácilmente integrados en la zona de
los sonidos de descarga, en particular aquellos que no contienen armónicos
elevados. Sabemos con que fuerza los ritmos de los tambores que imponen estos
sonidos graves llevan a las personas hasta el agotamiento total. Podríamos
hablar de estados hipnóticos a través de los cuales la imagen del cuerpo se
pierde en una exacerbación de la integración corporal vestibular sin
utilización de la cóclea, que es el aparato responsable de la proyección
cortical.
Los sonidos agudos constituyen en ciertas zonas, a ciertas
intensidades y a ciertos ritmos, unos verdaderos generadores de energía. En
esos casos la carga cortical sobrepasa de lejos el desgaste corporal y deviene,
en cierta forma, energía positiva respecto de la Dinamizacion del conjunto del
cuerpo.
Por otro lado, y debido a que la membrana timpánica está
inervada por el nervio pneumogástrico, los sonidos agudos provocan la tensión
del tímpano produciendo una disminución de la acción de este nervio en todo
su territorio. En consecuencia, los órganos que podrían encontrarse
perturbados por el estrés afectivo se distienden (laringe, pulmones, corazón,
hígado, vesícula, riñones, intestinos, etc.). Y a la inversa, los sonidos
graves no permiten que el tímpano se relaje provocando tensión en el
pneumogastrico, cansancio y fatiga.
Los integradores neuronales, verdaderos distribuidores de
sonido en el cuerpo
Según el doctor Tomatis, los integradores son redes
neuronales sensitivo-sensoriales y motoras que aseguran las regulaciones y la
coordinación de los movimiento y las posturas del territorio a cual son
afectados. Son cibernéticamente autoregulados pudiendo alcanzar ciertas
libertades funcionales tales como los automatismos.
Hay tres integradores pero solo dos de ellos, excluyendo el
visual, están relacionados con los mensajes sonoros. Estos son el integrador
vestibular y el integrador coclear. Ambos tienen como punto de partida el oído.
Estos circuitos neurológicos hacen intervenir diferentes
redes sensitivas y motoras que constituyen verdaderos sistemas cibernéticos.
El sistema nervioso asociado al oído interviene
permanentemente para regular los efectos de la música sobre el organismo. De
esta manera estos integradores neuronales son vías funcionales obligatorias
destinadas a distribuir los sonidos y a memorizarlos.
Se puede decir entonces que "el cuerpo no olvida".
Ya sea se trate de lenguaje con toda la carga emocional involucrada o bien de
mensajes musicales. En ambos casos las marcas persisten y manifiestan algún
día su aprobación o su descontento. Habría mucho que decir sobre las
consecuencias de estos fenómenos en el mundo psicosomático.
Satisface Mozart una necesidad de equilibrio neuronal ?
Todo ser humano normal o no, tiene la necesidad de encontrar
una armonía en todos los niveles: corporal y psíquico. Esta armonía corporal
y psíquica supone una coordinación homogénea, equilibrada y estética en
verdadero sentido de la palabra. Y es en este plano donde encontramos el pleno
sentido del efecto terapéutico de la música de Mozart.
Estos dos integradores neuronales (vestibular y coclear) son
solicitados permanentemente y por la música de Mozart. Porque en una
orquestación magistral, como lo son todas sus composiciones, ellos intervienen
para optimizar la poderosa creatividad del hombre y darle toda la energía que
necesita para estar plenamente consciente.
Mozart, un virtuoso del sistema neurovegetativo
El sistema neurovegetativo llamado en la antigüedad
simpático, coordina toda la organización vegetativa. Tiene una función
reguladora. Su puesta en resonancia con los ritmos biológicos evoca una
similitud con algo... misterioso, sugiere Tomatis, porque este importante
controlador de ritmos fisiológicos de base, tiene que estar querámoslo o no,
conectado con algún emisor... tal vez en simpatía con el universo
Ciertas investigaciones relacionados con los ritmos de este
sistema le confieren respuestas a fenómenos químicos, a demandas hormonales o
a otras causas aun indeterminadas. Sin embargo los grandes ciclos a los cuales
obedece y a los cuales nos invita a conformarnos deja entrever que el puesto de
emisión no es otro que el cosmos mismo. Este tomado en una totalidad que apenas
concebimos, regula, lo sabemos, no solo la vida celular en su constitución
dinámica sino también toda la estructura orgánica concebida en su globalidad.
De hecho los ritmos fisiológicos reales nos aparecen como
respuesta fenomenológica de un mecanismo biológico general en el cual todo
vibra y todo respira , toda nace y muere, siguiendo un programa, del cual apenas
entrevemos su desarrollo, y así escapa de nuestro entendimiento.
Dicho de otra manera, gracias al sistema neurovegetativo
entramos en simpatía con el universo, que regula en nosotros los ciclos de
los fenómenos de la existencia.: la reproducción, la nutrición, respiración,
la circulación, la vigilia y el sueño. El mide nuestra carrera en el espacio
sideral conformemente al tiempo que se nos ha acordado de vivir.
En esta aproximación poética del sistema nervioso todo es
sonido, ritmo y cadencia. Tal vez la música encuentra aquí la trama de su
existencia, sobre la cual funda su razón de ser. "Tengo todo para creerlo
así", dice Tomatis.
El pneumogástrico: puente neurológico entre los ritmos
del universo y los ritmos del medio ambiente.
El neumogástrico o sistema parasimpático es una inmensa red
nerviosa que atraviesa todo el cuerpo inervando laringe, pulmones, corazón,
vísceras, intestinos, etc. Su única emergencia exterior ocurre en el oído por
la inervación de la membrana timpánica (por esta razón nos doblamos en cuatro
cuando escuchamos un tiza crujir en la pizarra !)
Este nervio –dice Tomatis - constituye un puente
neurológico que hace o debería hacer perceptible, a todos los niveles, la vida
rítmica verdadera dictada por el universo y, de otro lado, la vida que nos
impone el medio sociocultural.
Sin embargo, la saturación precoz de este nervio en el plano
de la información neuronal hace que estos puentes pierdan su eficacia,
dejándonos en la oscuridad sensorial, o sea sin poder percibir la vida rítmica
del universo y de nuestro entorno.
Por las mismas razones, este nervio que los antiguos llamaron
genialmente el <<vago>>, introduce una respuesta negativa frente a
los mensajes subyacentes expresados por el simpático, es decir, la angustia. Y
esta, como es sabido- inhibe la acción del sistema simpático provocando los
signos asociados: palidez, sudoración, taquicardia, dificultad respiratoria,
dolores epigástricos, sensación de vacío estomacal, vértigos, etc.
La estrategia utilizada actualmente contra el estrés está
directamente relacionada con la actividad del nervio pneumogástrico el cual, en
paralelo con el simpático, rige el universo neurovegetativo.
La piel, un pedazo de oído diferenciado
La piel es un pedazo de oído diferenciado, explica Tomatis,
contrariamente a lo que se enseña habitualmente. Y esto porque las
investigaciones permiten suponer que los aparatos cutáneos receptores son el
resultado de adaptaciones de las células de la línea lateral de los peces
inferiores. Estas células darían entonces origen a las células de Corti y a
las células de los aparatos táctiles cutáneos, verdaderos elementos de
adaptación a la vida aérea de esta excepcional célula primaria.
Tomatis atribuye al oído una autonomía tal que lo presenta
como un órgano esencial; como el primer órgano constituido y operacional,
anterior a la formación del sistema nervioso autónomo, y este ultimo
dependiendo también del oído.
Todo lo que vive vibra
"Todo lo que vive vibra", nos explica el doctor
Tomatis. Todo lo que se organiza para alcanzar una participación reflexiva
frente a la vida, manifestada por los ritmos, los ciclos y las secuencias, se
orienta a la elaboración de un sistema nervioso. Y todo demuestra que la
actividad de este sistema depende del numero de estimulaciones que reciba.
El metabolismo asegura solo la mantención vegetativa. Pero
cuando el sistema nervioso, base de la dinámica reflexiva, se desarrolla a su
máximo nivel, entonces emerge la conciencia, "como una emanación
embriológica", dice Tomatis.
El hombre se presenta para Tomatis como un gran oído atento
y sensible a los cambios sonoros del medio ambiente y a la vez, le permite
ponerse en resonancia con el mismo medio, a nivel de la escucha.
Todo lo que vive emite, de alguna manera y en el sentido mas
ontológico del termino, su propia secuencia vibratoria, su propia música. Y la
misma música cuando retorna produce una acción particular sobre esta materia
viviente, ya sea activando o vivificando, ya sea estimulando o inhibiendo las
funciones fisiológicas vibratorias existentes.
EL ANALISIS ESPECTRAL DE LA MUSICA DE MOZART
Tomatis presenta varios gráficos denominados espectrogramas
realizados sobre diferentes obras de compositores (Mozart, Salieri, Beethoven,
Bach, Haydn, Wagner y Cantos Gregorianos). El procedimiento permitió revelar
características bien especificas y significativas de cada uno de ellos.
En los gráficos el eje de las X (abscisa) indicaba el
desarrollo en el tiempo en milisegundos, mientras que el eje de las Y expresaba
las frecuencias desde los graves hacia los agudos hasta los 10 kHz. El negro
señala la presencia de sonido, el blanco la ausencia. Las rayas verticales
representaban la diferencia de tiempo entre dos notas.
En Mozart (por ejemplo, en Exultate, Jubilate KV.165) la
diferencia de tiempo entre una nota y la otra es de 0.5 segundos, es decir
acordes tocados a la negra sobre un compás de 4 tiempos. Un espacio de 0.5
segundos equivalente a 2 segundos por compás, es decir 120 negras por minuto, o
sea un tempo de 120. Esto en cuanto la velocidad de ejecución.
En cuanto al espectro frecuencial, la música de Mozart se
reconoce sistemáticamente por características bien especificas que no se
encontraron en ningún otro compositor.
En primer lugar, el aspecto bien desligado de la frase
musical ofrece un pasaje fluido, que no traduce ningún signo de monotonía. Y
esto se constató en cualquiera obra examinada.
En segundo lugar, la gran movilidad de los tejidos armónicos
(gerbes sonore) contribuyen a asegurar la característica particularmente vivaz
y a menudo "juguetona" (enjoué) de las composiciones mozartianas.
Por ultimo, la constante base rítmica subyacente inscrita en
un tiempo permanente, verdadero substrato de una batido cada 0.5 segundo,
determinan de esta manera una modulación de 120 pulsaciones por minuto. Esta
modulación puede ser identificada de manera sistemática y se la puede
encontrar en cualquiera muestra mozartiana que se escoja.
En el análisis de un Motette de A. Salieri, el
contemporáneo mas implicado en la vida musical donde evolucionaba Mozart, se
encontró una modulación de base mas anárquica, menos fluida y que presentó
en el espectrograma, de manera discontinua, distancias de 0.7 segundos, lo cual
le imprime un ritmo de fondo mas lento y menos sostenido.
El análisis del comienzo de la Sinfonía Nº 5 de
L.V.Beethoven revelo un ritmo de fondo basados sobre 0.8 segundos.
En el análisis de Bach, Tomatis explica que los
espectrogramas dejan en evidencia su estructura propia, intelectualizada.
Agrega, que un paralelo diferencial entre una Variación Goldberg y un concierto
de Mozart son suficientes por si solos para revelar las divergencias a nivel de
ritmos.
Por el contrario, el único músico citado en este estudio
que habría tenido la noción de lo que era la armonía fundada sobre bases
fisiológicas fue Haydn. Basta ver, dice Tomatis, el espectro que resulta de la
Sinfonía Nº 30 en DO mayor (alleluia, allegro), para ver hasta que punto Haydn
llegó a aproximarse de la realidad mozartiana. Su reencuentro con el joven
compositor fue para él una revelación de la veracidad de su búsqueda. Una
sola diferencia se aprecia que tiene relación con una modulación de base
centrada en 0.4 segundos.
Finalmente el análisis de un canto gregoriano de Solesmes,
caracterizado por el hecho que no existe nada parecido en las músicas clásicas
habituales. Su ritmo de base es lento y tranquilo. Sus rebotes internos en
volutas salen de lo común. Ellos se suceden en ritmos y en intervalos regulares
que se renuevan periódicamente cada 4 segundos, al interior de las cuales se
perciben pulsaciones a cada segundo, o sea 60 pulsaciones por minuto. En otras
palabras, Mozart dividido por dos.
"Doscientos años han pasado después de la
desaparición de este gigante de la música, sin embargo su presencia crece como
una realidad profética que se confirma con el tiempo. Mozart, el iniciador de
las generaciones del futuro, permanecerá sin duda vigente por largos decenios
mas".
* * *
Nota: Todas las ideas expuestas
corresponden a extractos del libro "Pourquoi Mozart" de Alfred Tomatis
(1991) y han sido traducidas e interpretadas por Fernando Nuñez.
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