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UNO MISMO Nº  132

EL  método Tomatis –  ESCUCHAR EL UNIVERSO

Por Rocío Munizaga

Revista Uno Mismo 01

A menudo sentimos que nuestro potencial creativo podría dar mucho más y sospechamos que tenemos dimensiones dormidas que anhelan ser despertadas. Y todos conocemos a niños con problemas de aprendizaje en la escuela o tenemos alguna amiga con un hijo autista.

De acuerdo con Alfred Tomatis (1920), francés, doctor en medicina otorrinolaringólogo, estas situaciones, tan distintas en apariencia, tienen un origen común. El postula que la mayoría de la gente no escucha bien y por eso sufre una gran variedad de enfermedades y conflictos, y sobre la base de esta idea, desarrolló un original método para reeducar el oído.

Hoy día funciona en Santiago un centro Tomatis, especializado en tratar problemas cognitivos, comunicacionales y psicológicos. En el centro de esta terapia reina el genio creativo de Mozart y la inspiración M canto gregoriano.

Tomatis y el despertar de la conciencia

Tomatis plantea que el desarrollo espiritual humano tiene bases fisiológicas, y que una de las claves para el despertar de la conciencia reside justamente en el oído. ‘la capacidad de escucha tiene una directa relación con el comportamiento, con la conciencia de uno mismo, con la conciencia de la propia existencia y con la comunicación”, dice la doctora Francisca Paravic, miembro M Centro Tomatis en Chile.

Revista Uno Mismo 02

El científico francés asegura que el oído es el lazo de unión entre el ser humano y su conciencia.

Por otra parte, sabemos que una de las funciones de este órgano es asegurar el equilibrio, y esto tiene consecuencias vitales.’los antiguos, con menos riqueza tecnológica, tenían más tiempo para reflexionar y (..) descubrieron lo siguiente: en primer lugar, se dieron cuenta de que ciertos sonidos desencadenaban ciertos fenómenos de postura. En la India hay todo un sonido yoga. En el mantra yoga, la postura debe ser perfecta para que el mantra funcione”, explica Tomatis. Esto explicaría por qué algunas personas pueden dañarse al cantar estos mantras sin tener la postura y, sobre todo, la manera correcta de escuchar.

Algunas culturas antiguas saben que con una postura auditiva perfecta, “el cuerpo se alarga y literalmente incorpora todo el sonido que proviene del exterior (..) Sin la verticalidad, es imposible llegar a tener un buen lenguaje o estimular el cerebro hasta la conciencia total. Si la postura no es perfecta, es muy dificil entrar realmente en la conciencia verdadera”, destaca el investigador.

Otras meditaciones orientales, además de las derivadas del yoga, dan también mucha importancia a los sonidos y a las posturas especiales que deben adoptarse para ampliar la conciencia. Los cantos utilizados en meditaciones y rituales místicos son ricos en frecuencias altas (más de 8000 hertz). Según Tomatis, los cantantes tibetanos llegan a modificar la posición de la laringe para alcanzar ciertos sonidos armónicos bajos.
Según el científico, existe un amplio conocimiento musical, de sonido y de control postura¡ en las culturas que crearon sonidos y cantos sagrados para transformar su conciencia.

El investigador postula que “las palabras son difíciles de expresar, pero este soplo de vida que aliento a cada uno de nosotros es lo que básicamente llamamos libertad. En biología se llamo vida, en afectividad se llamo amor, en psicología se llama conciencia, y en teología se llamo amor”.

Chelista Director Tomatis Chile

El sonido y la evolución humana

El sonido puede definirse como vibración, y todo lo que vive vibra. Los sonidos, entonces, pueden entenderse como la vida misma, y han sido fundamentales en el desarrollo y la evolución humana. No seríamos lo que somos sin ellos, y sin nuestra capacidad de oír y decodificar esa vibración.

En opinión del musicoterapeuta Fernando Núñez, director del Centro Tomatis en Chile, “los seres vivientes desarrollaron el oído para alcanzar un estado de conciencia. Desde un punto de vista evolutivo, fue la posibilidad de lograr la posición vertical” i Este largo proceso “culmina en el lenguaje como la más grande adquisición de la humanidad”.

El oído humano tiene varias funciones vitales y desconocidas para la mayoría de las personas. En primer lugar, al ser responsable del equilibrio, lo es también de mantener la postura vertical. Según Tomatis, quien ha estudiado el oído y los problemas de escucha durante más de cincuenta años, el equilibrio abarca más que lo físico, pues también “significa el tono corporal. Y significa todos los gestos, todo

el lenguaje no verbal que el cuerpo tiene con su medio ambiente” *

Otra función es analizar y descifrar los sonidos del exterior y del interior del cuerpo. Finalmente, gracias al oído, cargamos de energía a nuestro cerebro. Según Tomatis, nada menos que el 90% de los estímulos que llegan al cerebro son auditivos.

La doctora Francisca Paravic explica que gracias a la postura vertical pudo desarrollarse el lenguaje hasta su máximo nivel: “En realidad, es con la postura erecto del ser humano con la que se logra esa mayor complejidad. el lenguaje, el pensamiento, la reflexión y el aspecto más filosófico del lenguaje”.

El oído está formado por tres partes principales: la externa, con un pabellón y un conducto; el oído medio, que es una cámara con tres pequeños huesos y dos músculos; y el oído interno, compuesto por el vestíbulo y la cóclea.

En el oído interno se encuentra el aparato de Corti, cuyas células sensoriales tienen una distribución desigual. La zona que recibe los sonidos graves sólo tiene 100 de estas células. El sector destinado a recibir sonidos medios contiene 500, y la zona para los sonidos de alta frecuencia tiene 24 mil células. Esto tiene enorme importancia para la persona, pues los sonidos graves actúan drenando la energía, mientras que los agudos revitalizan y cargan el organismo.

Tomatis afirma que el vestíbulo y la cóclea constituyen un solo y único órgano, que a lo largo del tiempo se ha perfeccionado y diferenciado en sus funciones. Recalca que del primero “dependen todos los músculos sin excepción, incluso los músculos motores del ojo. Además, a causa de los controles motores que realiza para mantener la postura, el vestíbulo aporto la mayor porte de las estimulaciones dirigidas al sistema nervioso”.

Por su parte, la cóclea cumple la función de recibir los sonidos y analizarlos. Para funcionar de manera adecuada, la cóclea necesita estar bien ubicada espacialmente, lo que significa actuar en forma coordinada con el vestíbulo. Para ello es vital mantener una postura vertical correcta.

La psicóloga ClaudiaVásquez, miembro del Centro Tomatis, asegura que el cuerpo no escucha sólo con el oído, sino también con la piel, la que se relaciona con el oído interno porque “sus células tienen la misma raíz. Si analizas el feto, el origen de las células de la piel y del oído interno es el mismo; ambas provienen de la capa ectodérmica del feto”.

Por ese motivo, Tomatis cree que la memoria no se ubica sólo en el cerebro: “El cuerpo recuerda los eventos vividos por la persona y en particular aquellos inherentes a la música. Todo esta actividad vestibulo cocleor permite vislumbrar ya los efectos del sonido en el conjunto del cuerpo humano”.

Oír no es lo mismo que escuchar

Oír es muy distinto que escuchar. Si escuchamos bien, estamos abiertos al mundo sonoro, y eso marca una gran diferencia entre las personas. Jaime Assael, somatoterapeuta en biosíntesis, explica que oír “es la capacidad que tiene el órgano de percibir los sonidos, y escuchar depende de la voluntad. Tú puedes discernir qué quieres escuchar o no. Por ejemplo, si estás en una reunión social y están hablando ciertas personas. Si te interesa esa información y estás escuchando, pones atención” ‘

Tomatis dice que escuchar “es oír, más la motivación de oír”. Oír es un acto pasivo, pues el oído sólo recibe sonidos. En cambio, la escucha se produce por una motivación activa y voluntaria de seleccionar y decodificar ciertos sonidos que captan nuestro interés.

La importancia de escuchar es enorme para el desarrollo de la conciencia humana, de la cultura y la sociedad. Según el especialista francés, “muchas cosas se desarrollan gracias a escuchar. El mundo existe porque escuchamos en un momento dado ese mundo al que hemos aprendido a ponerle nombres. Y entonces cobra un significado para nosotros”.

Esto implica que, gracias a la escucha, se desarrolló el lenguaje, pues escuchar es vital para establecer el diálogo con los otros. “Más aún, es necesario incluso para la formación de tu propio pensamiento. Si no despiertas la corteza cerebral mediante una manera de escuchar y de emitir sonidos adecuados, no se puede formar el pensamiento en tu cerebro”, plantea Tomatis.

Aprendemos a escuchar mucho antes de nacer, y el oído es el primer órgano que se forma en el ser humano. El feto ya puede oír a partir de los 4 meses y medio, dentro del útero materno. La doctora Paravic explica que “mientras está bañado en líquido amniótico, el feto escucha a través de la madre. Ella emite los sonidos y éstos son transmitidos por la columna vertebral. En su pelvis hacen de caja resonante. Es esta vibración ósea la que el feto percibe a través del agua”.

El musicoterapeuta Fernando Núñez agrega que los sonidos exteriores deben pasar los 120 decibeles para atravesar el espesor de la piel y del líquido amniótico. Además, señala que “el agua tiene una propiedad que permite al feto filtrar y escuchar solamente las vibraciones altas. Por eso, amortigua los sonidos neurovegetativos de la madre. Si no, sería insoportable para el bebé”.

En esta etapa se aprende a seleccionar los estímulos auditivos provenientes del exterior. Aquí se desarrolla la escucha. Jaime Assael opina que a partir de los 4 meses y medio, el feto “es un verdadero radar, cuya percepción de la realidad es por vía sonora. Entonces, ocurre que ante cualquier agresión o desarmonía sonora que perciba, él reacciona” * Y si hay una pelea entre los padres, el niño va a cerrar su escucha, activando el mecanismo de selectividad.

La doctora Paravic agrega que “el feto todavía no integra la información, no entiende una conversación, pero sí es capaz de captar tonalidades, la entonación y la emocionalidad que le transmite la madre”.

El deseo de vivir y comunicar

Cuando vivimos en el vientre materno, inmersos en el líquido amniótico, creamos el deseo de vivir y comunicar. Para que esto germine, el feto necesita condiciones ambientales positivas.

Francisca Paravic cree que hay relación entre la inteligencia y la capacidad para escuchar, porque “de alguna manera nacemos con un tremendo potencia¡ de inteligencia, y de acuerdo con la posibilidad de escuchar bien, se desarrollan plenamente tus poten­cialidades. Si escuchamos bien, con un ambiente de altos estímulos, agradable, con música, una mamá feliz, un papá que nos estimula y nos da cariño, no hay ninguna razón para que no queramos escuchar. Por lo tanto, nuestro oído se desarrollará abierto al mundo”.

Tomatis cree que el padre tiene un rol fundamental desde la misma con­cepción. Por una parte, la madre emba­razada se sentirá mejor y en armonía si la relación de pareja es buena. Esa ple­nitud la percibe el feto mediante el oído. Y al nacer, la voz de¡ padre es fundamen­tal para el desarrollo cognitivo del niño. Según Fernando Núñez ‘1a voz masculi­na contiene frecuencias que la femenina no tiene, que son los armónicos graves. En cambio, una voz de hombre bien desarro­llado sí contiene los agudos de la mujer”.

Simbólicamente, el oído izquierdo se relaciona con la madre, y el derecho con el padre. El izquierdo se vincula así al mundo emocional del niño, mientras que el derecho se relaciona con el desarrollo del lenguaje, social y cogniti­vo. El oído izquierdo representa la díada madre‑hijo, y el derecho simboliza la tríada, donde aparece un ser ajeno que rompe la relación simbiótica y permite la individualización y desarrollo del pequeño.

El terapeuta Jaime Assael explica que “el niño descubre el lenguaje a través del padre. Mediante el movimiento de salir hacia afuera, el niño tiene un buen apoyo y estímulo paterno. Todo lo que es ir hacia algo es un movimiento masculino, y el lenguaje es la adquisición del conocimiento”. Si la apertura de la escucha es bloqueada por el feto al recibir sonidos y estímulos negativos del exterior, en el futuro el niño puede presentar dificultades, como poca concentración, excesiva sensibilidad a ciertos sonidos, confusión de palabras de sonido parecido, vocabulario y postura corporal pobres, movimientos descoordinados, confusión de los lados derecho e izquierdo, baja tolerancia a la frustración, inmadurez o poca autoestima, entre otras.

La psicóloga Claudia Vásquez señala que “el método Tomatis y su terapia tratan de reparar el deseo de comunicación y el deseo de vivir, los que se traducen en muchas formas, que van desde la imagen corporal hasta las capacidades cognítivas”

La música de Mozart y el canto gregoriano

‘Mozart traduce en música lo que el universo le dice”, dijo en su momento Alfred Tomatis. La música tiene una importancia fundamental en el desarrollo cognitivo de las personas. Todas las características principales de la música: tono, timbre, intensidad y ritmo se encuen­tran en el lenguaje oral. Según el investigador Paul Madaule, la música puede concebirse como un lenguaje prelingüístico: “Es por esto que la música prepara al oído, la voz y el cuerpo del niño a escuchar, integrar y emitir sonidos del lenguaje” *

Desde su fundación en 1998, el Centro Tomatis en Chile desarrolla una terapia de sonido que utiliza la música para corregir los problemas de escucha. Los mejores resultados se producen con Mozart y el canto gregoriano, música que este método utiliza porque es considerada una terapia en sí misma. La doctora Paravic destaca que las obras de Mozart “producen un máximo de armonía y relajación, y al mismo tiempo, un estado de alerta y motivación” ‘

En opinión del doctor Tomatis, este compositor fue un ser excepcional: “Mozort es una manifestación encarnada de la música, la trasciende. Tiene momentos de verdadero éxtasis, donde se lo ve en verdaderos estados de secreción, transpirando música, bajo la influencia de una especie de escritura espontánea que lo impulsa a proyectar todo lo que lo invade”. Según Fernando Núñez, la música mozartiana reproduce los sonidos del universo. “Es como una matríz”, concluye.

El canto gregoriano, por su parte, armoniza los ritmos biológicos del corazón y la respiración. En el programa del Centro Tomatis, se ocupa para tranquilizar a niños inquietos, irritables o tensos.

La doctora Paravic explica que el método Tomatis es “un tratamiento de estimulación auditiva que permite mejorar la capacidad de escucha. Funciona como un sístema de estimulación neurosensorial, porque en algún momento el desarrollo del feto o del niño, su capacidad de escuchar adecuadamente quedó interrumpida”.

Esta terapia se realiza en tres acciones simultáneas: la estimulación de los músculos del oído medio, generalmente atrofiados en la gente con problemas de escucha, y la utilización de la música de Mozart y el canto gregoriano para reactivar las funciones cognitivas. Además, se reedita el proceso de desarrollo de la escucha antes y después del nacimiento del paciente. Para ello, se recrea el ambiente sonoro del feto mediante una máquina especial llamada “oído electrónico”, capaz de corregir los bloqueos de la escucha. También filtra sonidos de alta frecuencia, con el objetivo de energizar y vitalizar el cerebro.

Ambos oídos, izquierdo y derecho, son despertados para que puedan percibir el rango completo de sonidos que el humano puede escuchar.

En el Centro, se aplican tests para medir la capacidad de escucha de la persona. Luego de la evaluación, se elabora un programa de tratamiento individual para trabajar las áreas con problemas.

Durante el proceso se realiza un seguimiento y evaluaciones periódicas, con informes de los padres (cuando se trata de niños) y terapeutas; también se practican nuevos tests de escucha y se analizan dibujos realizados por los pacientes.

“Esta no es una terapia lineal, donde se parte de un punto y todo sigue perfecto. Al cabo de un tiempo, se producen terremotos o bajones más o menos fuertes, justamente por la conexión con lo que produjo el trauma y el bloqueo de la escucha”, destaca Jaime Assael. Si el paciente tiene el espacio necesario para expresar los sentimientos y emociones negativas en ese momento, en muy pocos días la situación se revierte y se supera, continuando con el proceso terapéutico.

En opinión de los profesionales, todas las personas pueden beneficiarse del método, pero éste sirve especialmente a las madres embarazadas y a niños o adultos con dificultades de escucha. Estos problemas pueden traducirse en autismo, déficit atencional, de aprendizaje, dislexia, retraso global del desarrollo o problemas en la motricidad.

En adultos, ayuda a resolver trastornos emocionales como la timidez, depresión, estrés y falta de energía. También es muy útil para profesionales que usan su voz, el cuerpo y habilidades creativas, como músicos, cantantes, actores y locutores. Los adultos mayores pueden beneficiarse con la vitalización y energización que el método produce. Otros destinatarios son los discapacitados severos, a quienes se puede ayudar a mejorar su calidad de vida, darles una mayor conexión con el medio y tornarlos un poco más independientes.

La psicóloga Claudia Vásquez destaca que el método Tomatis es complementario a otras terapias, no excluyente. Un niño con déficit atencional, al reeducar su oído, logrará concentrarse mejor, pero necesitará una psicopedagoga para recuperar sus estudios. Sin embargo, la acción de los tratamientos tradicionales puede ser mucho más eficaz si se complementan con la terapia auditiva.

Esta terapia invita a un viaje de renovación personal. Según Tomatis “cuando el oído ha sido entrenado adecuadamente, tienes tal cantidad de energía en la corteza cerebral que puedes estar totalmente consciente, puedes vivir veinticuatro horas de veinticuatro. Puedes abandonar tu aburrimiento y fastidio, cambiar la dinámica pasiva por una activa”.

test de escucha tomatis

Test de Escucha Tomatis

La doctora Francisca Paravic y Fernando Nuñez muestran cómo se realiza una audiometría, la que diagnostica los problemas de esuccha del paciente.

dos niños aplicando el metodo tomatis

Niños y el Método Tomatis

El tratamiento se aplica a cada persona en forma individual, y toma en cuenta las necesidades especificas de esta.

mozart encarnación de la musica

Mozart Genio de la Música

Mozart es una manifestación encarnada de la música.- Alfred Tomatis.

Autismo Infantil

Los niños que no quieren escuchar

El autismo ha sido considerado una especie de pozo, y se ha demostrado que el oído es una cuerda que llega a sus profundidades. El método Tomatis tiende esa cuerda para que el niño autista pueda subir de nuevo a la luz.

Tomatis define al autismo como la forma más pura de cortar el proceso de escucha, y constituye el caso más severo de niño que no desea escuchar. La doctora Francisca Paravic advierte que no puede asegurar una sanación total con el sistema de Tomatis, pero sí “mejorar el contacto visual y afectivo con el mundo, el deseo de relacionarse y comunicarse”.

En las primeras etapas del programa, el niño oye una grabación con la voz de su madre filtrada, cuyas frecuencias bajas fueron omitidas. Se simula así la audición intrauterina. Luego, se usa la música de Mozart.

A lo largo de la terapia, el menor va atravesando una serie de etapas. Se vuelve más expresivo, ríe y llora. Muestra una actitud más cariñosa, principalmente hacia su madre. Puede dirigirse a ella con mayor frecuencia, la besa, la abraza.

Se observa en los niños un aumento en la capacidad de vocalizar sonidos. Al comienzo, son gritos agudos, que después se convierten en balbuceos. Mejora la motricidad fina y cambia su retraimiento por un deseo de llamar la atención de otros niños, incluso tocándolos.

Una segunda etapa en el tratamiento comienza cuando acepta la influencia de los otros. El niño usa más adecuadamente el lenguaje. Puede referirse a sí mismo usando pronombres personales. Aumenta la vocalización y la atención visual cuando le hablan. Pueden repetir canciones cortas, palabras y frases.

La duración del tratamiento depende de la evolución del niño, pero entrega 150 a 200 horas de escucha, en un lapso que varía de seis a doce meses.

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