• Contactenos
    Escribanos
    METODO TOMATIS EN CHILE
    Santiago - Chile
    Tel: 56-9-90657683 / 56-9-98658193
    Email: tomatischile@gmail.com

    Su nombre (requerido)

    Su e-mail (requerido)

    Teléfono (requerido)

    Su mensaje

Contacto 56-9-90657683 / 56-9-98658193

Los Niños Y El Aprendizaje De Idiomas

Capitulo 8 del libro “Nous sommes tous nés polyglottes”, de Alfred Tomatis

Traducción de Fernando Núñez Bustos

En el momento en que la globalización y las reformas escolares ponen en el tapete la necesidad de mejorar las metodologías para el aprendizaje de idiomas, nos parece oportuno entregar los puntos de vista del doctor Alfred Tomatis, plasmados en su libro “Todos nacimos poliglotas”.

El aprendizaje de idiomas, dice Tomatis, reposa sobre dos principios neuro psico fisiológico que él mismo estudió hace mas de cuarenta años y que se relacionan con el funcionamiento del aparato auditivo.

Cualquiera sea la estrategia pedagógica puesta en practica, no hay edad para aprender un idioma. El niño tiene un oído plástico, capaz de integrar todos los universos sonoros; ya sea el de su lengua maternal o el de una lengua extranjera. No hay razón para el que el niño no devenga un políglota o por lo menos bilingüe en algunos meses, si ciertas reglas de integración lingüística son  aplicadas estrictamente por el medio familiar y social. Cuando los padres tienen lenguas maternales diferentes,  es conveniente que se dirijan a su hijo cada uno en su propia lengua. El bebe sabe captar muy bien las diferencias pertinente de cada etnia. No se equivoca de canal fonológico, ni en el plano de la escucha ni en el plano de la reproducción de los sonidos que recibe. El bebé sabe ajustar su oído al universo acústico específico de la lengua que hablan sus padres. No hace ninguna confusión con la lengua social aprendida. Primero balbuceando y después poco a poco irá construyendo las frases que le permitirán expresarse correctamente.

En cualquier lugar donde se trate de aprender un idioma, en la escuela o en la casa, el problema es el mismo: el adulto debe hablar en su lengua de origen. Y si en el plano práctico, esta solución es imposible a realizar, especialmente con los profesores de idiomas, habrá que hacer uso de técnicas de integración que tienen en cuenta la información neuro fisiológica específica del proceso de aprendizaje. El oído humano y los integradores neurológicos asociados (vestibular y coclear) son primordiales y debieran ser evocados permanentemente por el medio pedagógico.

Como aprender inglés en el colegio

Me gustaría presentar los resultados de un experimento que se hizo hace algunos años en un liceo belga. Estos párrafos van a interesar a los padres y profesores que se  interesan en el  progreso de los niños en el aprendizaje de una lengua extranjera.

Gracias a la activa cooperación de cuatro profesores pudimos poner a prueba nuestro método comparándolo con los métodos la enseñanza tradicional. Un reporte fue redactado con los detalles y  conclusiones de la experiencia.

Para convencer al director del establecimiento de aplicar estas técnicas audio-vocales  tuvimos que explicarle que un alumno con dificultades para aprender una lengua extranjera se encontraba en la misma posición que un niño que no lograba leer ni hablar ni a escribir en su propia lengua maternal. Ambos son disléxicos, es decir, tienen dificultades para escuchar. Este argumento, base de nuestra intervención en materia de dificultades escolares, no permitió lanzar una experiencia pedagógica que daría sus frutos.

Desde la vuelta a clases, en septiembre, un curso de sexto fue dividido en dos grupos. 16 niños seguirían una escolaridad completamente normal y otros 16, durante los cursos de inglés se colocarían un audífono que difundiría esta lengua en sonidos filtrados. El protocolo estipulaba que los niños del segundo grupo se limitarían durante los cursos de inglés a las sesiones Con oído Electrónico, hasta Navidad.

Un mes y medio mas tarde los niños del primer grupo inflaban el pecho: con las pocas expresiones que habían aprendido ya se creían americanos, mirando con un poco de burla a los otros compañeros que parecían perder su tiempo. Sin embargo, estos últimos estaban beneficiándose de todos los efectos habituales del método, es decir, se volvían más tónicos, se sentían mejor en su piel y tomaban más distancia con respecto a sus preocupaciones.

A la vuelta a clases, en enero (fin de las vacaciones de invierno), los dos grupos tomaron el mismo curso de inglés, completamente normal. Pero era tal la inquietud de los padres y de algunos profesores con respecto a un eventual retardo de los niños que habían estado con oído Electrónico que se tuvo que realizar una evaluación general, dos meses después.

Yo quise asistir a esa reunión pues se disiparían muchos malentendidos.  Primero fueron interrogados los alumnos que habían seguido una enseñanza tradicional. Estos se pusieron a hablar inglés como todos los alumnos de un sexto nivel.  Apenas el profesor pronunciaba dos o tres frases consecutivas los niños se veían ahogados y respondían con palabras vagas, sin conexión y con una pronunciación fácil de imaginar. Los del segundo grupo simplemente hablaron inglés. Pronunciaban y reaccionaban “a la inglesa”. Y no se trataba de un problema de vocabulario pues no poseían más palabras que sus camaradas. Simplemente escuchaban a la inglesa. Habían sido  “ainglesados”, como puede serlo un pequeño londinense de cinco años que, poco a poco, amplia su vocabulario y mejora su rendimiento de manera natural. Contrariamente, durante ese mismo tiempo, los compañeros del primer grupo  pronunciaron y vivieron el inglés “a la francesa”.

Lo que hicimos entonces fue adaptar el oído de los niños a la escucha de otra lengua, hasta hacerlos aceptar otra manera de ser.  Su sistema nervioso, su cerebro y su cuerpo, y hasta su piel llegaron a fundirse en otra manera de hablar, es decir, otra actitud , otra mentalidad.

Esta experiencia se desarrollo entre los años 1976-1977. Los profesores que la llevaron a cabo publicaron un reporte concluyente. En ese estudio se cuenta que los alumnos de un sexto año de  liceo fueron sometidos a una serie de tests, entre los cuales estaba el Test de Escucha Tomatis, para realizar una experiencia de integración del inglés con utilización de un Oído Electrónico. La investigación fue conducida por tres psicólogos educacionales. Se constituyeron dos grupos: un grupo experimental (I) y un grupo de control (II), ambos escogidos aleatoriamente entre hombres y mujeres con el mismo nivel escolar y auditivo. Todos los estudiantes presentaban un perfil audiométrico muy similar, caracterizado por una curva ligeramente ascendente de 125 a 2000 hertz que luego descendía hasta 6000 hertz. O sea, niños francófonos con buenos oídos.

En algunas semanas los alumnos del grupo experimental mejoraron objetivamente su rendimiento auditivo, situándose la evolución mas neta en las frecuencias agudas de 3000 a 8000 hertz. Durante la experiencia –cuando los niños ya tenian muchas horas de ejercicios de pronunciación-, los profesores pidieron a una profesora británica que escuchara una serie de frases repetidas por los niños de los dos grupos. Se constataron grandes diferencias:  las silbantes eran sordas en el grupo de control y muy claras en el grupo experimental. Las confusiones entre b/p, d/t   resultaron  numerosas en grupo II mientras que en grupo I no se observó ningún error.  Los autores enfatizan que los tres niños del grupo de control que obtuvieron nota TB no habrían obtenido mas que B o AB si hubiesen formado parte del grupo experimental. Además, estaban impresionados con la claridad de la voz de estos últimos.

Los progresos realizados por los niños del grupo experimental devinieron rápidamente sustanciales.

A la vuelta a clases, después de la vacaciones de verano, los alumnos del grupo de control conservaron el mismo número de errores en la prueba de espacializacion [1] mientras que los del otro grupo hicieron progresos notables. Pero mas espectaculares fueron los progresos en el dominio de la selectividad, es decir, en la facultad que permite identificar y sobretodo diferenciar los sonidos en un tramo de frecuencias determinado, con la máxima de fineza posible. Por esta razón, como subrayan los autores, “para realizar un curso de inglés en buenas condiciones es fundamental que la selectividad se encuentre abierta entre 125 a 3000 hertz como mínimo”. Los alumnos con la selectividad perturbada se encuentran a menudo con dificultades no solamente en el aprendizaje de un idioma sino también en la mayoría de las otras asignaturas.

En las conclusiones los profesores escribieron: “ Los errores de espacializacion, la selectividad perturbada y una lateralidad auditiva poco marcada,  configuran la mala capacidad de  escucha. Esta es la principal responsable de la falta de conocimientos intuitivos de la lengua maternal e impide por lo mismo la integración de una lengua extranjera.”

Los progresos en selectividad pasaron la barra del 50% sobre un espectro que va hasta los 6000 hertz. El numero de errores pasa de 27 (en junio) a 13 (en septiembre) – mientras que los miembros del grupo de control se estabilizan alrededor de 20 faltas en promedio sobre 22 iniciales.  De los 16 alumnos del grupo experimental, el porcentaje al inicio de niños con dificultad en ese dominio era de 88 %. En junio esta cae a 44 %. Nueve alumnos sobre 16 alcanzan a abrir su selectividad. En el grupo de control  no se registra ningún progreso en selectividad (0%).

Otros tests fueron también realizados, en particular la prueba de Stamback que propone reproducir 21 secuencias rítmicas de más a más complejas. Los alumnos que siguieron el entrenamiento con Oído Electrónico obtuvieron resultados sobresalientes, en circunstancias que, dicen los psicologos, ninguno realizó una educación rítmica especifica.  Los sonidos filtrados son los únicos artesanos de esta mejoría. Fenómeno muy importante puesto que el ritmo de una lengua extranjera es una de los elementos más difíciles de integrar. Escapa al análisis estrictamente intelectual. Los autores tienen razón en recordar que “entonación, ritmo y acentuación son fenómenos que dependen de estructuras primitivas – de orígenes más primitivas que la de los órganos responsables de las estructura fonemáticas. El elemento rítmico tiene que escapar a la conciencia si quiere imponerse. Así, los sonidos filtrados, desprovistos de toda significación y de percepción gramatical, ponen a quien los escucha en un universo donde se pierden las referencias lingüísticas anteriores, hasta ir adquiriendo otras progresivamente.

Cuando las curvas de los alumnos fueron juzgadas satisfactorias, los profesores los invitaron a realizar ejercicios de lectura en voz alta, con énfasis en la pronunciación de “silvantes”, que son los sonidos más representativos de la lengua inglesa.  Los observadores constataron que para captar estas sonoridades tan nuevos para ellos, los niños adoptaban una manera muy especial de sentarse – muy derechos – que contrastaba con la falta de tonicidad de los alumnos que trabajaban a menudo “echados” en los escritorios del laboratorio tradicional de lenguas.  Por otro lado, la memoria y las posibilidades de concentración de los alumnos del grupo experimental se acentuaron considerablemente. La evolución de la experiencia demostró que  así como había una relación entre el número de sesiones de sonidos filtrados y la facilidad de repetición de “silvantes”,  existía también una relación entre la calidad de reproducción de éstas y la capacidad de seguir correctamente los niveles progresivos del curso de ingles.

Después de estos meses bajo oído electrónico los alumnos retomaron su escolaridad normal. Y así como en las experiencias precedentes, demostraron también una sorprendente rapidez para integrar  los contenidos estrictamente informativos del curso que no habían podido seguir debido a las sesiones. Los autores del informe multiplicaron sus observaciones relativas a la facilidad que mostraban estos nuevos “anglicistas”, “la naturalidad con la cual colocaban los sketches en escena”, “la calidad de la entonación y del ritmo”, “la presencia de trazos significativos en la emisión de fonemas típicos como la aspiración de la “t” y de la “k”, la mantención de la consonante final y la reducción de vocales en la silabas no acentuadas”.

Esta experiencia llevada a cabo rigurosamente por profesores especializados en psico-lingüística merece ser retenida. Frente al desarrollo extraordinario de los medios de comunicación, frente a la globalización del mundo, ¿acaso no debemos pensar en los niños y en los adolescentes para que mañana tengan la alegría de comunicar en muchas lenguas?  ¿Acaso no deberíamos permitirles compartir esos terrenos de entendimiento que implican las relaciones ínter lingüísticas?

Preocupados por ese tipo de interrogantes a las cuales queremos dar respuesta, hemos tratado de introducir nuevas tecnicas en los colegios y de establecer ciertas estadísticas.  Hay que decir que hemos sido raramente seguidos en esta campaña de sensibilización a la escucha de otras lenguas. Ni los padres ni los profesores han mostrado interés por esta iniciativa bien específica, fundada sobre bases científicas largamente experimentadas.  Al contrario,  he tenido que dar muchas explicaciones para calmar las aprehensiones de unos y de otros. Y aunque estas son legitimas,  me vi obligado a abandonar ciertos proyectos de introducción de nuestras tecnicas en el medio escolar.  “¿No es demasiado arriesgado de enseñarle muy temprano una lengua extranjera a un niño que no domina aun su propia lengua?  ¿No vamos a comprometer la lengua materna?”   Estas son  observaciones que me hacían seguido y que prueban cuan ignorante somos de las potencialidades de nuestro cerebro, porque este es capaz de aprender todas las lenguas del mundo y todo lo que  quiera, lo que me hace decir una vez mas, que “todos hemos nacido poliglotas”.

Ciertos padres están persuadidos que cuando los niños alcanzan un conocimiento profundo de su lengua materna no tendrán ninguna dificultad a empezar una segunda lengua.  No obstante, un niño que ha alcanzado en su país un nivel cultural elevado tiene a menudo más dificultades para comenzar una lengua extranjera. ¿Por que razón?  En efecto, el niño ha ido tan lejos en el conocimiento de su lengua maternal que no admite la aparente regresión que gatilla en él un cambio de registro lingüístico. Esta perdido. Se siente amputado de esa facilidad natural y de un cierto sentimiento de superioridad.

Existe la creencia que se puede perder la identidad cuando se hablan muchas lenguas, en circunstancias que el pensamiento cuando deviene políglota gana en riqueza y fineza, adquiere mayor docilidad y más inflexión. El bilingüismo nos ayuda a encontrar y vivir esas famosas conexiones que existían entre las lenguas. Las palabras reencuentras sus  canales fonológicos que abren la puerta a los neologismos, a los juegos de palabras inter lingüísticos… El mundo visto por el oído de un ingles no tiene nada que ver con aquel de un francés.

La lengua francesa, como todas las otras, esta sujeta a variaciones geográficas. Los padres que prefieren ver a sus hijos perfeccionarse en el aprendizaje de su lengua materna no se dan cuenta que esta ya esta esclerosada por la región donde se han establecido. Así por ejemplo, la banda pasante de un Parisino ocupa el tramo 1000-2000 hertz lo cual la corta ya de otras frecuencias que se encuentran en otras regiones (Midi por ejemplo) donde la lengua francesa canta sobre un espectro mas extendido, mas italianizado. Ese niño no comprenderá nada del universo del escritor Valéry donde la riqueza de las “silbantes” lo aproximan al ingles. Cuando hablamos  nuestra lengua materna,  adaptamos nuestra lengua a un universo acústico bien particular. Y, cuando abordamos otra lengua, cambiamos nuestros puntos de referencia no solamente en el plano lingüístico sino que también desde una perspectiva mucho mas vasta, cultural.

Padres y profesores deben saber que existen actualmente medios simples de abordar el aprendizaje de una lengua viviente. Una logística desprovista de toda intelectualizacion  ha sido implementada para ayudar a los niños y a los adultos a entrar en el universo lingüístico de otras naciones.

Las tecnicas audio-vocales de las cuales hablamos en esta obra son fácilmente aplicables en medio escolar. Algunas tentativas han sido hechas en Canadá y en Estados Unidos. Otras se realizan en Europa. Francia no hay decidido hasta el momento implementar esta iniciativa. Solo un ensayo ha sido realizado en un liceo técnico en la región de Marsella. La experiencia no ha dado lugar aun a la redacción de un informe parecido al presentado por los pedagogos que realizaron la experiencia en un liceo belga. Esperamos que los responsables en materia de enseñanza tiendan el oído para examinar todas las posibilidades que se les ofrece, para resolver el agudo problema que enfrentan  hoy los niños franceses frente a las perspectivas europeas.

[1] Habilidad para determinar si un sonido viene de la derecha o de la izquierda.

© 2016 - Tomatis Chile : 56-9- 90657683 / 56-9-98658193 Santiago - Chile
go to top