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LOS NIÑOS Y EL APRENDIZAJE DE IDIOMAS
Capitulo 8 del libro
“Nous sommes tous nés polyglottes”, de Alfred Tomatis
Traducción de Fernando Núñez
Bustos
En el momento en que la globalización y las reformas escolares ponen en el
tapete la necesidad de mejorar las metodologías para el aprendizaje de
idiomas, nos parece oportuno entregar los puntos de vista del doctor Alfred
Tomatis, plasmados en su libro “Todos nacimos poliglotas”.
El aprendizaje de idiomas, dice Tomatis, reposa sobre dos principios neuro
psico fisiológico que él mismo estudió hace mas de cuarenta años y que se
relacionan con el funcionamiento del aparato auditivo.
Cualquiera sea la estrategia pedagógica puesta en practica, no hay edad para
aprender un idioma. El niño tiene un oído plástico, capaz de integrar todos
los universos sonoros; ya sea el de su lengua maternal o el de una lengua
extranjera. No hay razón para el que el niño no devenga un políglota o por
lo menos bilingüe en algunos meses, si ciertas reglas de integración
lingüística son aplicadas estrictamente por el medio familiar y social.
Cuando los padres tienen lenguas maternales diferentes, es conveniente que
se dirijan a su hijo cada uno en su propia lengua. El bebe sabe captar muy
bien las diferencias pertinente de cada etnia. No se equivoca de canal
fonológico, ni en el plano de la escucha ni en el plano de la reproducción
de los sonidos que recibe. El bebé sabe ajustar su oído al universo acústico
específico de la lengua que hablan sus padres. No hace ninguna confusión con
la lengua social aprendida. Primero balbuceando y después poco a poco irá
construyendo las frases que le permitirán expresarse correctamente.
En cualquier lugar donde se trate de aprender un idioma, en la escuela o en
la casa, el problema es el mismo: el adulto debe hablar en su lengua de
origen. Y si en el plano práctico, esta solución es imposible a realizar,
especialmente con los profesores de idiomas, habrá que hacer uso de técnicas
de integración que tienen en cuenta la información neuro fisiológica
específica del proceso de aprendizaje. El oído humano y los integradores
neurológicos asociados (vestibular y coclear) son primordiales y debieran
ser evocados permanentemente por el medio pedagógico.
Como aprender inglés en el colegio
Me gustaría presentar los resultados de un experimento que se hizo hace
algunos años en un liceo belga. Estos párrafos van a interesar a los padres
y profesores que se interesan en el progreso de los niños en el
aprendizaje de una lengua extranjera.
Gracias a la activa cooperación de cuatro profesores pudimos poner a prueba
nuestro método comparándolo con los métodos la enseñanza tradicional. Un
reporte fue redactado con los detalles y conclusiones de la experiencia.
Para convencer al director del establecimiento de aplicar estas técnicas
audio-vocales tuvimos que explicarle que un alumno con dificultades para
aprender una lengua extranjera se encontraba en la misma posición que un
niño que no lograba leer ni hablar ni a escribir en su propia lengua
maternal. Ambos son disléxicos, es decir, tienen dificultades para escuchar.
Este argumento, base de nuestra intervención en materia de dificultades
escolares, no permitió lanzar una experiencia pedagógica que daría sus
frutos.
Desde la vuelta a clases, en septiembre, un curso de sexto fue dividido en
dos grupos. 16 niños seguirían una escolaridad completamente normal y otros
16, durante los cursos de inglés se colocarían un audífono que difundiría
esta lengua en sonidos filtrados. El protocolo estipulaba que los niños del
segundo grupo se limitarían durante los cursos de inglés a las sesiones Con
oído Electrónico, hasta Navidad.
Un mes y medio mas tarde los niños del primer grupo inflaban el pecho: con
las pocas expresiones que habían aprendido ya se creían americanos, mirando
con un poco de burla a los otros compañeros que parecían perder su tiempo.
Sin embargo, estos últimos estaban beneficiándose de todos los efectos
habituales del método, es decir, se volvían más tónicos, se sentían mejor en
su piel y tomaban más distancia con respecto a sus preocupaciones.
A la vuelta a clases, en enero (fin de las vacaciones de invierno), los dos
grupos tomaron el mismo curso de inglés, completamente normal. Pero era tal
la inquietud de los padres y de algunos profesores con respecto a un
eventual retardo de los niños que habían estado con oído Electrónico que se
tuvo que realizar una evaluación general, dos meses después.
Yo quise asistir a esa reunión pues se disiparían muchos malentendidos.
Primero fueron interrogados los alumnos que habían seguido una enseñanza
tradicional. Estos se pusieron a hablar inglés como todos los alumnos de un
sexto nivel. Apenas el profesor pronunciaba dos o tres frases consecutivas
los niños se veían ahogados y respondían con palabras vagas, sin conexión y
con una pronunciación fácil de imaginar. Los del segundo grupo simplemente
hablaron inglés. Pronunciaban y reaccionaban “a la inglesa”. Y no se trataba
de un problema de vocabulario pues no poseían más palabras que sus
camaradas. Simplemente escuchaban a la inglesa. Habían sido “ainglesados”,
como puede serlo un pequeño londinense de cinco años que, poco a poco,
amplia su vocabulario y mejora su rendimiento de manera natural.
Contrariamente, durante ese mismo tiempo, los compañeros del primer grupo
pronunciaron y vivieron el inglés “a la francesa”.
Lo que hicimos entonces fue adaptar el oído de los niños a la escucha de
otra lengua, hasta hacerlos aceptar otra manera de ser. Su sistema
nervioso, su cerebro y su cuerpo, y hasta su piel llegaron a fundirse en
otra manera de hablar, es decir, otra actitud , otra mentalidad.
Esta experiencia se desarrollo entre los años 1976-1977. Los profesores que
la llevaron a cabo publicaron un reporte concluyente. En ese estudio se
cuenta que los alumnos de un sexto año de liceo fueron sometidos a una
serie de tests, entre los cuales estaba el Test de Escucha Tomatis, para
realizar una experiencia de integración del inglés con utilización de un
Oído Electrónico. La investigación fue conducida por tres psicólogos
educacionales. Se constituyeron dos grupos: un grupo experimental (I) y un
grupo de control (II), ambos escogidos aleatoriamente entre hombres y
mujeres con el mismo nivel escolar y auditivo. Todos los estudiantes
presentaban un perfil audiométrico muy similar, caracterizado por una curva
ligeramente ascendente de 125 a 2000 hertz que luego descendía hasta 6000
hertz. O sea, niños francófonos con buenos oídos.
En algunas semanas los alumnos del grupo experimental mejoraron
objetivamente su rendimiento auditivo, situándose la evolución mas neta en
las frecuencias agudas de 3000 a 8000 hertz. Durante la experiencia –cuando
los niños ya tenian muchas horas de ejercicios de pronunciación-, los
profesores pidieron a una profesora británica que escuchara una serie de
frases repetidas por los niños de los dos grupos. Se constataron grandes
diferencias: las silbantes eran sordas en el grupo de control y muy claras
en el grupo experimental. Las confusiones entre b/p, d/t resultaron
numerosas en grupo II mientras que en grupo I no se observó ningún error.
Los autores enfatizan que los tres niños del grupo de control que obtuvieron
nota TB no habrían obtenido mas que B o AB si hubiesen formado parte del
grupo experimental. Además, estaban impresionados con la claridad de la voz
de estos últimos.
Los progresos realizados por los niños del grupo experimental devinieron
rápidamente sustanciales.
A la vuelta a clases, después de la vacaciones de verano, los alumnos del
grupo de control conservaron el mismo número de errores en la prueba de
espacializacion
mientras que los del otro grupo hicieron progresos notables. Pero mas
espectaculares fueron los progresos en el dominio de la selectividad, es
decir, en la facultad que permite identificar y sobretodo diferenciar los
sonidos en un tramo de frecuencias determinado, con la máxima de fineza
posible. Por esta razón, como subrayan los autores, “para realizar un curso
de inglés en buenas condiciones es fundamental que la selectividad se
encuentre abierta entre 125 a 3000 hertz como mínimo”. Los alumnos con la
selectividad perturbada se encuentran a menudo con dificultades no solamente
en el aprendizaje de un idioma sino también en la mayoría de las otras
asignaturas.
En las conclusiones los profesores escribieron: “ Los errores de
espacializacion, la selectividad perturbada y una lateralidad auditiva poco
marcada, configuran la mala capacidad de escucha. Esta es la principal
responsable de la falta de conocimientos intuitivos de la lengua maternal e
impide por lo mismo la integración de una lengua extranjera.”
Los progresos en selectividad pasaron la barra del 50% sobre un espectro que
va hasta los 6000 hertz. El numero de errores pasa de 27 (en junio) a 13 (en
septiembre) – mientras que los miembros del grupo de control se estabilizan
alrededor de 20 faltas en promedio sobre 22 iniciales. De los 16 alumnos
del grupo experimental, el porcentaje al inicio de niños con dificultad en
ese dominio era de 88 %. En junio esta cae a 44 %. Nueve alumnos sobre 16
alcanzan a abrir su selectividad. En el grupo de control no se registra
ningún progreso en selectividad (0%).
Otros tests fueron también realizados, en particular la prueba de Stamback
que propone reproducir 21 secuencias rítmicas de más a más complejas. Los
alumnos que siguieron el entrenamiento con Oído Electrónico obtuvieron
resultados sobresalientes, en circunstancias que, dicen los psicologos,
ninguno realizó una educación rítmica especifica. Los sonidos filtrados son
los únicos artesanos de esta mejoría. Fenómeno muy importante puesto que el
ritmo de una lengua extranjera es una de los elementos más difíciles de
integrar. Escapa al análisis estrictamente intelectual. Los autores tienen
razón en recordar que “entonación, ritmo y acentuación son fenómenos que
dependen de estructuras primitivas – de orígenes más primitivas que la de
los órganos responsables de las estructura fonemáticas. El elemento rítmico
tiene que escapar a la conciencia si quiere imponerse. Así, los sonidos
filtrados, desprovistos de toda significación y de percepción gramatical,
ponen a quien los escucha en un universo donde se pierden las referencias
lingüísticas anteriores, hasta ir adquiriendo otras progresivamente.
Cuando las curvas de los alumnos fueron juzgadas
satisfactorias, los profesores los invitaron a realizar ejercicios de
lectura en voz alta, con énfasis en la pronunciación de “silvantes”, que son
los sonidos más representativos de la lengua inglesa. Los observadores
constataron que para captar estas sonoridades tan nuevos para ellos, los
niños adoptaban una manera muy especial de sentarse – muy derechos – que
contrastaba con la falta de tonicidad de los alumnos que trabajaban a
menudo “echados” en los escritorios del laboratorio tradicional de lenguas.
Por otro lado, la memoria y las posibilidades de concentración de los
alumnos del grupo experimental se acentuaron considerablemente. La evolución
de la experiencia demostró que así como había una relación entre el número
de sesiones de sonidos filtrados y la facilidad de repetición de “silvantes”,
existía también una relación entre la calidad de reproducción de éstas y la
capacidad de seguir correctamente los niveles progresivos del curso de
ingles.
Después de estos meses bajo oído electrónico los alumnos
retomaron su escolaridad normal. Y así como en las experiencias precedentes,
demostraron también una sorprendente rapidez para integrar los contenidos
estrictamente informativos del curso que no habían podido seguir debido a
las sesiones. Los autores del informe multiplicaron sus observaciones
relativas a la facilidad que mostraban estos nuevos “anglicistas”, “la
naturalidad con la cual colocaban los sketches en escena”, “la calidad de la
entonación y del ritmo”, “la presencia de trazos significativos en la
emisión de fonemas típicos como la aspiración de la “t” y de la “k”, la
mantención de la consonante final y la reducción de
vocales en la silabas no acentuadas”.
Esta experiencia llevada a cabo rigurosamente por profesores
especializados en psico-lingüística merece ser retenida. Frente al
desarrollo extraordinario de los medios de comunicación, frente a la
globalización del mundo, ¿acaso no debemos pensar en los niños y en los
adolescentes para que mañana tengan la alegría de comunicar en muchas
lenguas? ¿Acaso no deberíamos permitirles compartir esos terrenos de
entendimiento que implican las relaciones ínter lingüísticas?
Preocupados por ese tipo de interrogantes a las cuales
queremos dar respuesta, hemos tratado de introducir nuevas tecnicas en los
colegios y de establecer ciertas estadísticas. Hay que decir que hemos sido
raramente seguidos en esta campaña de sensibilización a la escucha de otras
lenguas. Ni los padres ni los profesores han mostrado interés por esta
iniciativa bien específica, fundada sobre bases científicas largamente
experimentadas. Al contrario, he tenido que dar muchas explicaciones para
calmar las aprehensiones de unos y de otros. Y aunque estas son legitimas,
me vi obligado a abandonar ciertos proyectos de introducción de nuestras
tecnicas en el medio escolar. “¿No es demasiado arriesgado de enseñarle muy
temprano una lengua extranjera a un niño que no domina aun su propia
lengua? ¿No vamos a comprometer la lengua materna?” Estas son
observaciones que me hacían seguido y que prueban cuan ignorante somos de
las potencialidades de nuestro cerebro, porque este es capaz de aprender
todas las lenguas del mundo y todo lo que quiera, lo que me hace decir una
vez mas, que “todos hemos nacido poliglotas”.
Ciertos padres están persuadidos que cuando los niños
alcanzan un conocimiento profundo de su lengua materna no tendrán ninguna
dificultad a empezar una segunda lengua. No obstante, un niño que ha
alcanzado en su país un nivel cultural elevado tiene a menudo más
dificultades para comenzar una lengua extranjera. ¿Por que razón? En
efecto, el niño ha ido tan lejos en el conocimiento de su lengua maternal
que no admite la aparente regresión que gatilla en él un cambio de registro
lingüístico. Esta perdido. Se siente amputado de esa facilidad natural y de
un cierto sentimiento de superioridad.
Existe la creencia que se puede perder la identidad cuando
se hablan muchas lenguas, en circunstancias que el pensamiento cuando
deviene políglota gana en riqueza y fineza, adquiere mayor docilidad y más
inflexión. El bilingüismo nos ayuda a encontrar y vivir esas famosas
conexiones que existían entre las lenguas. Las palabras reencuentras sus
canales fonológicos que abren la puerta a los neologismos, a los juegos de
palabras inter lingüísticos… El mundo visto por el oído de un ingles no
tiene nada que ver con aquel de un francés.
La lengua francesa, como todas las otras, esta sujeta a
variaciones geográficas. Los padres que prefieren ver a sus hijos
perfeccionarse en el aprendizaje de su lengua materna no se dan cuenta que
esta ya esta esclerosada por la región donde se han establecido. Así por
ejemplo, la banda pasante de un Parisino ocupa el tramo 1000-2000 hertz lo
cual la corta ya de otras frecuencias que se encuentran en otras regiones (Midi
por ejemplo) donde la lengua francesa canta sobre un espectro mas extendido,
mas italianizado. Ese niño no comprenderá nada del universo del escritor
Valéry donde la riqueza de las “silbantes” lo aproximan al ingles. Cuando
hablamos nuestra lengua materna, adaptamos nuestra lengua a un universo
acústico bien particular. Y, cuando abordamos otra lengua, cambiamos
nuestros puntos de referencia no solamente en el plano lingüístico sino que
también desde una perspectiva mucho mas vasta, cultural.
Padres y profesores deben saber que existen actualmente
medios simples de abordar el aprendizaje de una lengua viviente. Una
logística desprovista de toda intelectualizacion ha sido implementada para
ayudar a los niños y a los adultos a entrar en el universo lingüístico de
otras naciones.
Las tecnicas audio-vocales de las cuales hablamos en esta
obra son fácilmente aplicables en medio escolar. Algunas tentativas han sido
hechas en Canadá y en Estados Unidos. Otras se realizan en Europa. Francia
no hay decidido hasta el momento implementar esta iniciativa. Solo un ensayo
ha sido realizado en un liceo técnico en la región de Marsella. La
experiencia no ha dado lugar aun a la redacción de un informe parecido al
presentado por los pedagogos que realizaron la experiencia en un liceo
belga. Esperamos que los responsables en materia de enseñanza tiendan el
oído para examinar todas las posibilidades que se les ofrece, para resolver
el agudo problema que enfrentan hoy los niños franceses frente a las
perspectivas europeas.
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