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NIEVES

Mi nombre es Nieves, y les voy a contar un poco sobre lo que era mi vida antes y después de entrar al Centro Tomatis.

Quedé embarazada en un momento muy crítico de mi vida. Yo trabajaba de noche desde hacia muchos años en restaurantes y carreteando mucho, consumiendo muchas drogas y cosas muy tóxicas, estaba muy mal, no estaba preparada ni era el momento de tener un hijo.

Cuando supe que estaba embarazada  se me vino el mundo encima. No quería tenerlo, no estaba bien para tenerlo. Y sentía que tampoco podía dejar lo que estaba consumiendo pero que iba a tener que dejarlo porque en el fondo le estaba haciendo un daño enorme a la guagua.

Entré en una depresión muy grande y pensé, al principio, no tenerlo. Pero nunca me atreví a hacer nada,  porque sentía que si hacia algo no iba a poder seguir viviendo el resto de mi vida tranquila.

Estaba tan angustiada que no podía respirar. Estaba mal,  me transpiraban las manos, el corazón me latía fuerte, sentía que no valía nada en ese momento. Estaba muy sola también, y sentía que no iba a poder con el embarazo, ni con un hijo, ni con nada.

Un día fui a una charla al Centro Tomatis  y al ver que el tratamiento estaba relacionado con la música clásica pensé que quizás me podría ayudar un poco a  seguir con este embarazo y a aceptarlo.

Entré al Centro Tomatis en muy malas condiciones. La  primera semana allí, escuchando música de Mozart y Canto Gregoriano, me sentí un poco mas tranquila pero era difícil notarlo porque seguía estando mal. Durante la segunda semana comencé a acariciarme la guata y a sentír que  le estaba dando a la guagua el calor y el cariño que nunca antes le di.

Empecé la terapia cuando tenia 5 meses de embarazo. Al principio, durante los primeros cuatro meses le había dado una muy mala estadía adentro y sentía que tenia que reivindicarme con él o ella, no sabia lo que era, y de a poco empecé a aceptarlo y a quererlo.

Fue algo muy largo, muy lento. A la tercera semana en el centro sentí un cambio muy notorio:  estaba más tranquila. Quería tener a este hijo. Le tenia mucho cariño y aunque no me sentía todavía muy preparada, si sabia que lo quería tener. Y lo empecé a querer incondicionalmente. Sentía que nada a mi alrededor era tan importante como lo que yo llevaba dentro.

Después empecé con las sesiones de canto y me di cuenta que al cantar la guagua se me movía y que en realidad estaba sintiendo las vibraciones de mi voz y lo que yo le estaba entregando en ese minuto.

Para mi fue muy satisfactorio. Llegaba contenta, me sentía tranquila y sabía que ahora le estaba dando lo mejor que yo le podía dar.

Una noche, cuando ya tenia como 7 meses, sentí que la guagua no se movía. No pude dormir bien. Al día siguiente me eché aceite, me hice masajes  y seguía sin moverse. Camino al Centro Tomatis me di cuenta lo importante que era para mi este hijo y que si le pasaba algo yo me moriría, que ya lo quería demasiado y que no podría estar sin él,  esperaba ansiosa su llegada.

Pensé que si en el Centro Tomatis no se me movía – ya que siempre con la música se movía mucho-  me preocuparía y pensaría que algo malo estaba pasando. Llegue al Centro  y recé para que se me moviera, para que no me dejara ahora que ya lo estaba aceptando y que lo quería mucho. Después de 5 minutos de escuchar  música se movió fuerte y me hizo muy feliz. Me di cuenta en ese minuto lo mucho que lo quería y lo bien que me había hecho estar ahí.

Con el canto me pasaba lo mismo: respiraba, cantaba y se movía…  sentía que estaba bien, ya que dicen que cuando se mueven es porque están bien.

El tratamiento me ayudó también para el parto, porque al principio tenía pánico de tener la guagua. Estaba demasiado angustiada, me daba mucho miedo, sentía que no iba a poder pasar ese minuto. No podía dormir pensando en que algo me podía pasar. Con el tiempo me fui dando cuenta que iba a ser una liberación, como que iba a liberar un alma que venia al mundo y que era el momento más lindo de todo el embarazo. Lo fui tomando por ese camino y así me fui relajando cada vez más, queriendo que llegara ese minuto, y pensado que cuando naciera yo tenia que entregarle lo mejor posible, mientras estuviese naciendo, ya que ese momento lo iba a marcar por el resto de su vida.

Antes de terminar el  Taller del Centro Tomatis, ya me sentía bien para el poco tiempo que me quedaba, y más tranquila y feliz de tener este hijo.

Y llegó el minuto del parto, lo tuve con música clásica, mientras nacía, y me sentí super bien , no lo tuve por parto normal porque se me reventó la bolsa, y no me di cuenta, pero nació muy rápido, muy bien ,muy sano , con música  de Mozart, y yo me sentía muy feliz , muy bien, fué el minuto mas feliz yo creo.

Doy gracias a todo el equipo Tomatis, porque ellos me ayudaron mucho, mucho a prepararme para recibirlo con tanto cariño y felicidad, y por haberme ayudado a superar todo lo que había pasado.

Ya no siento lo que sentía antes. Estoy feliz con mi hijo, es muy activo, levanta mucho la cabeza y dicen que esto es raro porque las guaguas tan chicas no tienen tanta fuerza. Es muy despierto, se mueve mucho y se da vueltas en la cama solo.

Mi experiencia de grabar un CD fué muy importante porque le va a quedar para siempre y este CD es el recuerdo de todo este tiempo que yo viví y lograr sacar un fruto de eso es muy lindo y a mi hijo Julián , le va a encantar porque va a sentir con fuerza todo lo que sintió adentro, ahora desde afuera.

Nierves Montecinos.

Santiago, 9 Agosto 2003

ALOPAA

Me pasé muchas sesiones pensando ¿qué hago aquí?. Cuando terminé el primer ciclo y me tocó descansar 2 semanas me fui feliz. Por fin terminaba. Estaba aburrida, cansada de ir todos los días y escuchar Mozart y canto gregoriano, que además estaba filtrado!!! Curiosamente cuando volví al 2º ciclo estaba menos irritable y me había reconciliado totalmente con Mozart.

Yo estaba embarazada de 5 meses mas o menos cuando decidimos con mi esposo, buscar alguna terapia o algo que nos conectara con la guagua y que nos preparara de alguna manera para recibirla. Recorrimos varios lugares y elegimos sin dudarlo: Tomatis. Era a lo que menos acceso teníamos, porque estaba lejos de nuestro bolsillo, sin embargo creímos que valía la pena hacer el esfuerzo.

El tratamiento empezaba cerca del 7º mes, yo empecé un 23 de septiembre de 2002.

Yo me reconozco bastante intensa, histriónica y apasionada, así es que al empezar a escuchar la música ya me desilusioné porque sentí que pasaban los días y nada! yo creía, que me iba emocionar muchísimo, iba preparada con pañuelitos desechables, pero NADA. De repente me di cuenta que me empezaba a irritar y a poner intolerante pero también estaba super energética y me sentía como si fuera mas yo misma, me sentía mejor. Empecé a poner limites, y decir lo que quería y lo que no.

De alguna manera yo tenía claro que hacer un trabajo para recibir a mi hija pasaba necesariamente por mí. Lo que significaba vivirme yo también lo que para mí había sido estar en el útero de mi madre.

Empecé a sentir más intensa la presencia de mi hija, la sentía comunicativa y opinante… me empecé a conectar profundamente con ella. Me sentía feliz, me tocaba la guatita sabiendo que nunca más la iba a sentir así, adentro mío. Estaba en paz conmigo.

La irritación que sentí al principio disminuyó considerablemente y dio paso a la tolerancia afortunadamente. Vivir el embarazo de mi hija con Tomatis fue sanar mi propia vida intrauterina y equilibrar mi historia lo que significó darle a la Amandita toda la armonía necesaria para nacer con una tremenda vitalidad.

La Amandita llegó anticipadamente a este mundo (3 semanas antes) el 9 de noviembre, llegó con música de Mozart, pesó 3.750 kg. Y midió 49 cm. Es una niña que irradia paz y tranquilidad. Al mes ya estaba mirando fijo y siguiendo con la mirada el lugar de donde venían las voces. Empezó a sonreír cuando tenía un mes y medio y lo que me llama mucho la atención es que es muy firme, tiene una tremenda tonicidad, a los 3 meses el pediatra la tomó de los deditos y ella se paró. Desde entonces le gusta estar parada, sujetándola por los brazos naturalmente, y llora muy poco. Me doy cuenta de lo despierta que es.

Hace años tuve a mi primera hija, la Camila, y durante su primer año de vida tengo la impresión de sentir que sufrió mucho. Tenía un llanto que no era ni de hambre, ni de sueño, no era de nada tangible. Hoy pienso que era llanto de miedo de sentirse fuera de su hábitat. Eso es algo que para mi es muy claro con la Amandita: ella está tranquila en este mundo, llora de hambre, de sueño, llora por cosas concretas, no tiene miedo de estar aquí, eso es clarísimo y por supuesto Tomatis tiene algo que decir en todo esto…

Gracias a todos por acompañarme con tanto cariño, amabilidad y paciencia.

Alopaa C. Fierro

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